Más que una cervecera, Blaugies es una auténtica institución de la cerveza belga. Se trata de una fábrica fundada en el año 1988, en pleno resurgir de la elaboración artesanal de cerveza en Bélgica. Sus fundadores fueron Pierre-Alex Carlier y Marie-Noëlle Pourtois, un matrimonio de Dour, una pequeña comuna belga situada casi en la frontera con Francia, quienes transformaron el garaje de la casa familiar en una sala de elaboración con una capacidad de 750 litros diarios.
Con el paso del tiempo sus hijos han tomado el relevo: Kévin Carlier pasó a ser maestro cervecero en el año 2000, mientras que Cédric Carlier abrió frente a la fábrica el hotel y restaurante "Le Fourquet", especializado en carne. El éxito de la fábrica permitió abrir una segunda sala de elaboración, multiplicando por dieciséis la capacidad de producción de la fábrica, lo que ha favorecido la disponibilidad de sus cervezas en todo el mundo.
Las cervezas Blaugies son fácilmente reconocibles por su botellas de cava adornadas con etiquetas de diseños tradicionales. Ninguna de sus cervezas está filtrada, y todas se somenten a una refermentación en botella o en barrica. Una imagen cuidada, unas cervezas de excelente calidad y regularidad en sus elaboraciones han contribuido a posicionar Blaugies como una de las marcas más reputadas de Bélgica, que no es decir poca cosa.
Ahora mismo se comercializan casi una decena de referencias distintas, y estas son las que he podido probar (o reprobar) en los últimos meses:
- BDB: Blonde aunque con 8º de alcohol, una rubia muy campestre y a la vez peligrosa. Aroma fresco, de cereales y levadura, elegante y delicado. El sabor es más maltoso, con notas de fruta de hueso y naranja, aunque al final aparece de nuevo la levadura, un importante punto especiado que recuerda a la pimienta blanca, el amargor del lúpulo noble y una suave acidez de bacterias salvajes, con su deje enólico en el largo regusto.
- Blidegarian Imperial Stout: Atípica Imperial Stout pero muy reconfortante. Tiene un aroma penetrante y compacto, donde caramelo, sirope de chocolate y malta se fusionan con pasas, ciruelas, dátiles en una mezcla inmejorable, con un marcado punto de canela que nos mete en ambiente navideño. En boca es intensa, compleja, persistente, con una carbonatación algo viva para el estilo, y mientras la entrada sigue el mismo patrón que el aroma, se guardan el torrefacto y las notas de regaliz negro.
- Duble 4: qué maestría hace falta tener para ser capaz de elaborar una cerveza como esta. Una Blonde subida de alcohol, hasta los 8º, pero que son imposibles de encontrar al estar perfectamente integrados en el conjunto. A esto se le suma una textura sedosa, una buena base de malta con el característico sabor de la espelta y un punto de especia, y obtenemos esta cerveza impecable. Qué más se puede pedir.
- La Moneuse: como meterse en una pastelería a las 8 de la mañana, por doquier notas de bollería, toffee, galletas, fruta confitada y miel. Es dulce pero equilibrada, con una carbonatación potente que favorece el trago, y un final floral, especiado y algo enólico que pide tranquilidad para su disfrute.
- La Moneuse Triple X 30 Ans: Versión de La Moneuse potenciada, elaborada para conmemorar el 30º aniversario de la fábrica. El aroma es como meter la nariz dentro de un brioche recién hecho, mientras que el sabor como si este brioche lo adornásemos con naranja confitada y cáscara de limón, además de un chorrito de licor. Cerveza golosa, redonda, de disfrute lento y reflexivo. Estupenda, para no variar.
- La Vermontoise: colaboración con Hill Farmstead, reputada cervecera de Vermont. La espuma que desborda la copa, causada por una carbonatación torrencial, nos retrasa disfrutar de esta maravilla. Aroma potente, con el verdor del lúpulo americano y las notas de establo como introducción de una cerveza en la que el nuevo y el viejo mundo se encuentran tras una base de cereal crudo y cítricos. Extremadamente compleja, muy elegante y además refrescante, lo tiene todo.
- Blaugies Saison: impresionante cómo la sencillez de una Saison la pueden elevar hasta este nivel y, sin perder la esencia del estilo, consiguen hacer una cerveza compleja y equilibrada. La mezcla de cebada y espelta no pasa desapercibida, la levadura belga. con una leve acidez salvaje, redondea la cerveza, y casi con el primer trago uno ya empieza a sentir la pena de que la cerveza se termine. Hay que disfrutar el momento, maldita sea.
Poco más se puede decir, es una fábrica excepcional con un listado de referencias impecables. Cualquier amante de la cerveza está obligado a conocerlas, no creo que defrauden a nadie.

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