Störtebeker es una marca de cervezas del norte de Alemania que siempre ha llamado mi atención por el excelente diseño de sus etiquetas, distinguibles a kilómetros de distancia gracias al elegante barco de vela presente en todas ellas, diferenciando cada estilo de cerveza mediante diferentes colores. Y la verdad es que lo de los colores no ha tenido que ser nada fácil, porque elaboran muchas cervezas distintas, casi una veintena, por supuesto abarcando los estilos alemanes pero también atreviéndose con los de otras regiones: Witbier, Scotch Ale, etc.
Se fundó en el año 1827 en Stralsund (de ahí el nombre de la fábrica, Stralsunder Brauerei), ciudad costera enfrentada a la isla de Rügen, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2002. Siendo una región muy dada a las aventuras y la exploración marítima, el nombre hace homenaje al pirata Klaus Störtebeker, líder del grupo de corsarios llamados Vitalienbrüder, que lucharon a favor del reino de Suecia en su conflicto con el de Dinamarca a finales del siglo XIV. Posiblemente se le ha elegido a él como estandarte de la marca por la fama que tenía de aguantar la bebida, que según la leyenda le hizo ganarse el apodo de Störtebeker, del alemán "Stürz den Becher", "Tirar la copa".
La empresa pasó unos años complicados durante la segunda mitad del siglo XX, pero en la actualidad parece gozar de buena salud financiera, y de hecho cuentan con un restaurante de comida regional en la propia fábrica. También interesante, si alguien viaja a la zona, es el mercado de la fábrica, donde se pueden adquirir sus cervezas, así como algunos de los licores que también elaboran, a un precio muy ajustado.
Durante los últimos meses me he dado un buen homenaje con sus cervezas, que me traje aprovechando un viaje a Berlín por trabajo, y estas son las que he podido probar (además de alguna, como la Schwarzbier, que la había bebido previamente):
- Störtebeker Bernstein-Weizen: indistinguible de una Weizen bávara, en el buen sentido. Weissbier equilibrada, con las típicas notas a plátano y el habitual dulzor, aunque mantiene frescor suficiente como para no empalagar. De hecho, de estas me podría tomar un par seguidas sin problema, incluso tres. Muy rica, la verdad, como para repetir (o tripitir, que ya he tomado varias botellas de esta en los últimos años).
- Störtebeker Herbst-Festbier: casi recuerda más a una Kellerbier que a una Märzen. Es una cerveza muy turbia, de textura cremosa y especialmente goloso. En aroma mucha malta, en boca todavía más, con intensas notas de miel y toffee, aunque al final llama la atención el amargor herbal del lúpulo noble. Redonda, contundente, aunque quizá pueda tener algún detractor por su dulzor.
- Störtebeker Keller Bier: más clara de lo que suelen ser las Kellerbier bávaras, de perfil más fresco y ligero, potenciando cítricos e incluso notas de pino en detrimento de la malta. La verdad es que está buena pero llega a recordar a las Radler, a lo que contribuye además una carbonatación fina en la punta de la lengua propia de un refresco.
- Störtebeker Nordisch-Hell: haciendo gala de su meriodionalidad, nos encontramos una Helles un tanto atípica, más clara de lo que es habitual, algo turbia y con un frescor herbal afilado causado por una mayor generosidad en el uso del lúpulo. Por lo demás, es una cerveza más centrada en el cereal que en la malta, bastante cítrica, y que me ha parecido especialmente apetitosa para los meses de verano, incluso más que las Helles convencionales.
- Störtebeker Schwarz-Bier: casi tan conocida como Köstritzer, pionera del estilo, y no es por casualidad.. Sin dejar de ser una Schwarzbier de trago fácil, es intensa, sabrosa, cargadísima de tostados, café y cacao, y con un final de amargor marcado que es una delicia. Una de las mejores elaboraciones de la fábrica, no me cabe la menor duda.
- Störtebeker Scotch Ale: ¿quién iba a pensar que en Alemania se hacían Scotch Ale de nivel? Esta me hace pensar en Skull Splitter, quizá más delicada. Rebosante de malta, hay frutas de hueso, miel y toffee por doquier. Es una cerveza densa, de textura oleosa, muy reconfortante para acompañar una película en una noche invernal.
- Störtebeker Sommer-Wit: pocas Witbier se elaboran en Alemania, y esta es una de ellas. Cuenta con los ingredientes habituales: trigo crudo, cáscara de naranja y cilantro; era evidente que los alemanes iban a ser ortodoxos. No obstante se mete en un campo peliagudo, no es fácil igualar a Hoegaarden, y esta se queda lejos. Al final queda una cerveza agradable de beber, refrescante pero algo neutra para el estilo.
- Störtebeker Übersee-Pils: Pilsener especialmente aromática, rebosante de lúpulo noble herbal, pero con un sabor bien equilibrado gracias a una carga de malta importante, bastante golosa. Al final el lúpulo vuelve a tomar el control y genera un amargor fresco, afilado, perfecto para días calurosos.
¿Sensación general? Muy buena. Es verdad que alguna cerveza me ha resultado menos interesante, sobretodo la Witbier; muchas me han parecido buenas cervezas, de las de repetir con gusto; y varias de ellas creo que son imprescindibles, y entre ellas destacaría Schwarzbier, Scotch Ale y Bernstein Weizen. Así que nada, a animarse a probarlas, que hay bastante trabajo pendiente.

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